martes, 9 de diciembre de 2008

Mi confrontación con la docencia

Hola a todos
Mi profesión de origen es farmacéutica industrial y programador analista; posteriormente, después de 7 años de haber incursionado en el ámbito docente, estudié la licenciatura en docencia tecnológica, la cual no saben como me ha ayudado para desarrollar mejor y más fácil mi labor docente.
Mi recorrido por la docencia data del año 1991 cuando entre a trabajar al cetis 29; me invitaron a trabajar ahí y estuve una temporada en el área de control escolar ya que apenas se iniciaba el uso de las computadoras en la escuela y precisamente acababa de terminar una carrera técnica de programador analista y el director de ese momento, me pidió que capacitará a las secretarias de esa área para que empezarán a utilizar el programa con el que se iba a manejar dicho departamento a través de computadoras; estuve ahí cerca de un año y entonces, se abrió la carrera de computación y me invitaron a dar clases en lugar de estar en la oficina, acepte y me gustó mucho el trato con los jóvenes que agradezco que en ese entonces eran mayores que yo y se dedicaban a estudiar en serio y ponían toda la atención que es posible, cumplían con todas las tareas, participaban, etc.
Esta experiencia me dejó un grato sabor de boca y decidí quedarme a trabajar ahí, capacitarme y actualizarme en lo que fuera necesario y posible.
Ahora, al paso de aproximadamente dieciséis años de estar en esta labor me sigue gustando mucho y la consideró una gran profesión, en la cual nunca se debe dejar de aprender ya que no debemos olvidar que la materia prima con la que trabajamos son seres humanos y podemos contribuir a que esos jóvenes que son los futuros adultos, sean hombres que tengan desarrolladas las capacidades, habilidades, destrezas y actitudes necesarias para sobrevivir y vivir acorde a la época que les corresponda.
Algunas de las tareas que tenemos los docentes es actualizarnos constantemente para enseñar a los jóvenes a ser activos y críticos, a aprender para la vida para que los obstáculos “normales” que vayan surgiendo a lo largo de su camino, los resuelvan sin mayores problemas y sigan adelante; por esta razón es que los profesores debemos de cambiar nuestra mentalidad respecto a que ya sabemos todo: dar clases, explicar los contenidos, “dominar al grupo”, etc., también debemos de evolucionar para convertirnos en un andamio para los jóvenes en su proceso de aprendizaje.
Recordemos que el enseñar no existe sin el aprender, ya que el estudiar desoculta las cosas, nos permite alcanzar una compresión más exacta de las cosas y por ello se nos recomienda fomentar la lectura y escritura a lo largo de la etapa escolar y de ser posible continuarlo toda la vida.
Ciertamente, se aprende ser profesor en la práctica y a través de este andar vamos sorteando diversas dificultades ya que cada grupo y cada alumno es único; como dice José Manuel Esteve, se aprende a conocer el estado de ánimo de los adolescentes, a descifrar sus gestos, a modular el ritmo de la clase, a escuchar, a preguntar, hasta se aprende en que lugar debemos pararnos en cada grupo, como hablarle a cada alumno, etc. y algo muy interesante que dice es: se gana la libertad de ser profesor, lo cual implica estar en la clase con seguridad, saber que se puede y que no se puede hacer en una clase, ensayar nuevas técnicas y estrategias de aprendizaje, modificar contenidos, lograr la empatía con nuestros alumnos y comunicar exactamente lo que queremos decir.
Y una vez que se ha ganado esa libertad, se ganan muchas cosas, como lo son la alegría y satisfacción de sentirse útil en la vida, valorar altamente esta profesión y convertir cada clase en un reto intelectual.
Constatar de alguna manera que se pueden lograr muchas cosas con los alumnos es una gran satisfacción; por ejemplo, cuando algún egresado me visita y me platica que va en la universidad y que le esta sirviendo lo que aprendió en mis clases o los que se van a trabajar y de igual forma van y te platican que están poniendo en práctica lo que aprendieron en la escuela, etc., me hace sentir satisfecha con mi labor docente y eso me hace querer ser mejor cada día, procuro renovarme y actualizarme en forma permanente para incluir dinámicas diferentes en las clases y modificarlas al paso de los semestres, incluir temas de tecnología de punta acorde al programa, etc.
Reconozco que cuando me han dado de improviso una nueva materia y no he tenido el tiempo necesario de prepararla antes de que acabe el semestre, se vuelve un caos ya que tengo la sensación de que no di los contenidos con la profundidad que debiera o no los di completos, que los educandos no aprendieron lo suficiente y me siento mal conmigo misma si no logro dominar los contenidos al máximo, por que considero que cuando yo misma no entiendo bien algo, difícilmente puedo explicarlo bien y menos que los jóvenes lo entiendan y lo puedan aplicar; eso no me gusta que pase.
Algo en lo que me hicieron reflexionar las lecturas, es en que debemos ver y hacer ver a los jóvenes que la escuela es un sitio a donde vamos a aprender, a compartir el tiempo, el espacio, el afecto y que también es el sitio en donde podemos divertirnos y propiciar el ansia del saber y del investigar en los alumnos; ya que de esta forma se abre la mente de los alumnos y la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos.
Por todo lo anteriormente expuesto, considero que es muy importante que no dejemos de actualizarnos y formarnos en el quehacer docente, ya que nunca se deja de aprender y todo ello contribuye a mejorar nuestra práctica docente, nos facilita nuestra labor y nos ayuda a convertirnos en verdaderos facilitadotes del conocimiento para nuestros educandos.
Hasta pronto, Rosa Maria Plata

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